
Hay que gritarlo de vez en cuando. Gritarlo en las avenidas y en los parques, en las aulas y en el tercer mingitorio de un baño público, gritarlo desde las azoteas y sin temor a la verdad. En fin hay que gritar que somos unos amantes de la belleza.
Yo lo grito de vez en cuando, como aquí y ahora. Amo la belleza sobre todas las cosas. No soy un hombre de principios éticos, me mueve lo bello antes que lo bueno. Me gusta contemplar, tener los ojos bien abiertos, aún en la oscuridad de la noche. Amo todo, porque todo es amable, porque todo fue hecho por un Espíritu que irradia belleza. Sólo hay que tocar el trasfondo de las cosas, develar la luz que está detrás de todo.
En mi grita la belleza, se hace latente, camino lentamente y acaricio el suelo, porque reconozco la historia del mundo ante mis pies. Dentro de mí me mueve ese Espíritu que es Belleza. Sólo entonces entiendo la bondad, cuando lo reconozco bello y parte de la verdad.
Amo a Jesús, El Cristo, pero no le llamo maestro bueno, yo le llamo el Maestro Bello. Amo su belleza incontenible, su acto no heroico, ni bueno, su acto sublime, el acto de la cruz lleno de belleza. Cuanto amor expresado de manera gratuita para todos los hombres. Qué forma de crear arte para la eternidad. No hay belleza más grande que lo gratuito. Lo que tiene precio carece de belleza. Humanos, abran sus manos al mundo y generen belleza.
Habría que repetir más actos de cruz. Que extensión tan hermosa de brazos en un cielo que parece quedar pequeño, un universo que se achica ante tal majestad. Amo su belleza crucificada, que anticipa la belleza de la resurrección, amo la luz de su cuerpo levantado al tercer día. Que bello es sentir aqueste amor. Que delicia de sentirse extasiado como en agonía, y luego sentir la muerte y la angustia de la separación, no del objeto, del Ser de todos mis deseos. Amo con un amor místico que ya no puedo balbucir y amo su infinita creación. Amo la infinita metáfora del silencio del mundo, cuando nada en el mundo pudo decir más, tan solo ver a Dios expirar en la cruz. Cuán grande amor en un solo instante.
Amo a la creatura como amo al Creador. Soy un hombre nacido para el mundo, las cosas que tienen lugar sobre la tierra, porque la tierra exhala por sus poros aroma a divino, todo del mundo lo exhala. Todo guarda su aroma, llevan impresas la mano que los creo.
Amo a la mujer con todas sus letras, con todo lo que resguardan en su cuerpo oculto a los ojos de este simple mortal que quita el velo a la verdad para volver a ocultarlo. Que todo guarde su misterio, que todo guarde su poesía. Amo a la mujer, lo he dicho, pero la amo en sus decadencias. Que infinita belleza guarda la decadencia de la mujer, sus gritos, su aspereza, sus aspavientos, su violencia, la revolución de la maternidad. Que bello homenaje al mundo es la mujer. Amo en tintineo de mis dedos respirando agitadamente ante sus cuerpos.
Todo es estético, sin embargo amo lo bueno porque nos resulta amable, porque nos resulta bello. Amo a Dios, la perfección que origina toda esta belleza. En un mundo donde cada día más se niega a la belleza, donde los medios de comunicación corrompidos acaban inútilmente con tanta hoja de papel sacrificada para contarnos mentiras de un mundo en destrucción. Hagamos algo por la belleza, devolvamos al mundo su luz. Ya no más noticias de asesinatos en primera plana, ya no más historias de capos de drogas, ya no más cuentos del ejército incautando, no más madres que matan. Cuenta la historia del mundo y como aún tiene las manos crucificadas para amar.
El mundo es esta inmensa obra de arte que el hombre ha querido mancillar con la violencia, con la desavenencia de sus finitos criterios. Hay que devolverle al mundo su ocultación, su velo de misterio y develarlo en actos sagrados, en pequeños actos poéticos, en caricias a su vientre. Hay que gritar, porque llegó el momento. Porque este es el tiempo elegido en que el mundo contemple su bondad en su belleza. Es tiempo de amar y negar todo principio ajeno a este. Ya llegó el tiempo de restituir el orden de belleza que brota del creador. El fin de los violentos, violentarnos con amor en contra de toda creación humana que atente contra la belleza.
Este es mi canto, un desorden de ideas, un grito. Que no me juzgue el mundo por mis palabras. Estoy cansado de arrebatar sonrisas a la vida cuando hay tanto amor por dar. Quiero ser la voz que habita en el umbral del desierto. Siéntate a mi lado, desde aquí puedo ver el corazón del hombre aún dispuesto a amar. Te ofrezco un corazón, el mío. Es el corazón del desierto. Vengan al desierto los asqueados del mundo, vengan al desierto para contemplar la obra de las manos del hombre. Vengan al desierto, desde aquí se le grita al mundo, desde aquí se le grita al mundo que existe Dios, que existe el amor.
Yo lo grito de vez en cuando, como aquí y ahora. Amo la belleza sobre todas las cosas. No soy un hombre de principios éticos, me mueve lo bello antes que lo bueno. Me gusta contemplar, tener los ojos bien abiertos, aún en la oscuridad de la noche. Amo todo, porque todo es amable, porque todo fue hecho por un Espíritu que irradia belleza. Sólo hay que tocar el trasfondo de las cosas, develar la luz que está detrás de todo.
En mi grita la belleza, se hace latente, camino lentamente y acaricio el suelo, porque reconozco la historia del mundo ante mis pies. Dentro de mí me mueve ese Espíritu que es Belleza. Sólo entonces entiendo la bondad, cuando lo reconozco bello y parte de la verdad.
Amo a Jesús, El Cristo, pero no le llamo maestro bueno, yo le llamo el Maestro Bello. Amo su belleza incontenible, su acto no heroico, ni bueno, su acto sublime, el acto de la cruz lleno de belleza. Cuanto amor expresado de manera gratuita para todos los hombres. Qué forma de crear arte para la eternidad. No hay belleza más grande que lo gratuito. Lo que tiene precio carece de belleza. Humanos, abran sus manos al mundo y generen belleza.

Habría que repetir más actos de cruz. Que extensión tan hermosa de brazos en un cielo que parece quedar pequeño, un universo que se achica ante tal majestad. Amo su belleza crucificada, que anticipa la belleza de la resurrección, amo la luz de su cuerpo levantado al tercer día. Que bello es sentir aqueste amor. Que delicia de sentirse extasiado como en agonía, y luego sentir la muerte y la angustia de la separación, no del objeto, del Ser de todos mis deseos. Amo con un amor místico que ya no puedo balbucir y amo su infinita creación. Amo la infinita metáfora del silencio del mundo, cuando nada en el mundo pudo decir más, tan solo ver a Dios expirar en la cruz. Cuán grande amor en un solo instante.
Amo a la creatura como amo al Creador. Soy un hombre nacido para el mundo, las cosas que tienen lugar sobre la tierra, porque la tierra exhala por sus poros aroma a divino, todo del mundo lo exhala. Todo guarda su aroma, llevan impresas la mano que los creo.
Amo a la mujer con todas sus letras, con todo lo que resguardan en su cuerpo oculto a los ojos de este simple mortal que quita el velo a la verdad para volver a ocultarlo. Que todo guarde su misterio, que todo guarde su poesía. Amo a la mujer, lo he dicho, pero la amo en sus decadencias. Que infinita belleza guarda la decadencia de la mujer, sus gritos, su aspereza, sus aspavientos, su violencia, la revolución de la maternidad. Que bello homenaje al mundo es la mujer. Amo en tintineo de mis dedos respirando agitadamente ante sus cuerpos.
Todo es estético, sin embargo amo lo bueno porque nos resulta amable, porque nos resulta bello. Amo a Dios, la perfección que origina toda esta belleza. En un mundo donde cada día más se niega a la belleza, donde los medios de comunicación corrompidos acaban inútilmente con tanta hoja de papel sacrificada para contarnos mentiras de un mundo en destrucción. Hagamos algo por la belleza, devolvamos al mundo su luz. Ya no más noticias de asesinatos en primera plana, ya no más historias de capos de drogas, ya no más cuentos del ejército incautando, no más madres que matan. Cuenta la historia del mundo y como aún tiene las manos crucificadas para amar.
El mundo es esta inmensa obra de arte que el hombre ha querido mancillar con la violencia, con la desavenencia de sus finitos criterios. Hay que devolverle al mundo su ocultación, su velo de misterio y develarlo en actos sagrados, en pequeños actos poéticos, en caricias a su vientre. Hay que gritar, porque llegó el momento. Porque este es el tiempo elegido en que el mundo contemple su bondad en su belleza. Es tiempo de amar y negar todo principio ajeno a este. Ya llegó el tiempo de restituir el orden de belleza que brota del creador. El fin de los violentos, violentarnos con amor en contra de toda creación humana que atente contra la belleza.
Este es mi canto, un desorden de ideas, un grito. Que no me juzgue el mundo por mis palabras. Estoy cansado de arrebatar sonrisas a la vida cuando hay tanto amor por dar. Quiero ser la voz que habita en el umbral del desierto. Siéntate a mi lado, desde aquí puedo ver el corazón del hombre aún dispuesto a amar. Te ofrezco un corazón, el mío. Es el corazón del desierto. Vengan al desierto los asqueados del mundo, vengan al desierto para contemplar la obra de las manos del hombre. Vengan al desierto, desde aquí se le grita al mundo, desde aquí se le grita al mundo que existe Dios, que existe el amor.
3 comentarios:
Grito contigo, que (lo sabes)sin belleza la vida no podría ser; que, la belleza me salva... que, para y por la belleza es que vivo.
Emilia Eloísa.
Un abrazo. Me gusta como escribes de la mujer: un ser sublime, la excitación del mundo, del desierto, la belleza total.
Extraño un poema.
Espero ande bien.
Dora
Y cómo no amar la belleza que hay en cada uno de nuestros pasos.
Amo las cosas más insignificantes como un pedacito de papel, como una hormiga llevando a cuestas su alimento, como la última hoja que cae para darle paso al primer capullo de flor.
Ay tomás, me has hecho revalorar las más pequeñitas cosas.
Gracias...
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