domingo, 18 de mayo de 2008

DE TU MIRADA A LA MÍA

Para no olvidar la difernecia entre las miradas, las miradas que buscan contemplarlo todo, hacer de alguna forma que las cosas que contemplamos permanezcan. A ti, al lector que has querido compartir la contemplación de mi desierto, de mis propias entrañas expuestas para ti. A cualquier lector que sólo espero te contemples, por ejemplo, como la mujer que se ofrenda, con su espalda descubierta, un canto de liberación digno de ser contemplado, pero sobre todo de ser sentido, domado, domésticado. El cuerpo exacto que merece la contemplación de los sentidos, los dedos persiguiendo el deseo en una piel envinada y dulce como el chocolate que quiere ser contemplada por una lengua que se golpea ansiosa contra su celda. Para ti, un beso en silencio, para ti, mujer de mis fantasías, esta historia irreal, porque bien puedes existir, pero quien sabe. Si alguien lo sabe, sólo somos tú y yo, y nadie más tendría porque saberlo.




DISCURSO FELINO


Persuadir era la última de mis palabras unidas por la tinta sobre el papel electrónico, lograr que Ileana Corpi trajera su exposición a Saltillo. Un cuadro rondaba por mi mente, dos mujeres que se besan recostadas sobre un diván, la mirada de una de ellas contemplándome, la mujer felina. Veo el dibujo de un alguien que parezco yo cuando todavía ejercía en este juego voluntad, ahora son las miradas felinas las que ordenan. Todo era ya un juego del pasado, el gato en la azotea me besó en los ojos y cambio el curso, unos ojos felinos que lo leen todo en la pantalla:

“Meses antes. Regresas a tu ciudad natal después de estudiar una maestría en el Distrito Federal. Ahora eres un distinguido académico, pero un fracaso como escritor. Un nuevo trabajo, medio tiempo, departamento editorial en una dependencia de gobierno, promotor cultural y organizador de eventos patrocinados por el Estado.
Recuerdas un nombre, Corpi. Pintora de éxito relativo en la capital. Chica de mundo, demasiado… soberbia es la palabra. La provincia no merece conocer su obra, es un público rústico, rudimentario, arcaico. Piensas; quizá tenga razón. La pantalla de tu portátil, aparece su foto, es una insignificante mujer de un metro cincuenta, nada que ver con sus aspiraciones. Recuerdas entonces las líneas de su cuerpo, los primeros trazos de su pincel, una figura deslumbrante en un solo trazo, la tarjeta de presentación de una pintora que lleva en su cuerpo su talento natural.
Sigues frente a la computadora portátil, pero ya no estás allí. Piensas ahora en los motivos de tu regreso. Otros, no tu ya reconocido fracaso. Sueñas con tu nueva visión de los seres y las cosas, un mundo estético que se abre ante ti. Tus ojos vueltos al mundo hedónico donde el sexo es virtud y el placer el fin del hombre. Pensabas meses atrás en Carmen y en volver por ella. Nunca la abandonaste. Algunas tardes de hotel las compartías con ella, bebiendo cerveza y repitiendo la misma rutina sexual, siempre conscientes de que algo había faltado para que todo aquello fuera perfecto.
Uno de tus libros de literatura erótica sobre el escritorio, el gato su nombre, tus historias favoritas. Piensas ahora en tus carencias al escribir las historias con tus amantes. La confirmación de que nunca fuiste amante de ocasión, siempre terminabas diciendo te quiero mientras las mirabas a los ojos. El amor que espanta la pasión desbordante, espanta la humedad de una cama de hotel y la vuelve en una habitación matrimonial. Por eso te aferras a tus novelas en la cómoda. Una novela tras otra te llevan a la extraña presencia del gato, la misma presencia felina que te sedujo de la obra de Corpi. Sus gatos indomables en cada cuadro, las miradas felinas que te observan y te hacen exposiciones de sus ojos. Los cuerpos de los amantes que como la vida se desnuda antes las miradas de luz felina que atesoran sus secretos. Y ahora quieres poseerla, domar lo indomable, asir a tu dios en la mirada de un gato, aún cuando presientes que dios no tiene aza. Renuevas tu visión de placer, anhelas unos ojos felinos que te miren, posar para ellos y sentir la plenitud.
Tras meses de llamar a Corpi casi a diario logras persuadirla para que venga a Saltillo, expondrá su obra por todo el estado. El evento principal de un festival de arte que organizaste. Esperas a Corpi, pero no sólo a ella, esperas al gato. Sabes que no vendrá sola, que irremediablemente la acompañará la mujer felina, Alicia es su nombre, lo conoces por el grabado de un collarín en un gato de la obra de Corpi. Estás ansioso, balbuceas frases incoherentes a los reporteros en el aeropuerto.
- Una gran artista, seguro, una gran artista.

Eso es todo, la voz no te da para más. El avión ha llegado. Ves bajar a un grupo de pasajeros por las escalerillas. Corpi baja primero, detrás de ella, la mujer felina, aún a lo lejos puedes percibirlo, como un domador que inicia la cacería. Toda su figura era la expresión de un gato levantando delicadamente los brazos para brotarse los ojos. No puedes poner atención a Corpi y a su reclamo: “Espantoso vuelo, corto, pero espantoso”. Te concentras en una mirada que se te acerca, que casi abre tu piel como una navaja de barbero. Tocas por primera vez sus ojos, y por instinto vuelves la mirada al suelo. La vuelves a levantar, te resistes la luz que Alicia ha dejado escapar de su rostro como el caudal de un río contenido por la compuerta de una presa. Te pierdes en aquellos ojos felinos que te desnudan pero no te miran, los ojos del destino, una diosa convertida en modelo de las obras de Corpi, no un gato, sino una mujer felina, la mujer de tus fantasías sexuales.

- Alicia, la de la mirada felina. Guillermo Santos, el escritor venido a menos.
- Guillermo, sólo Guillermo.




No te agrada como te presenta Corpi, pero ella sonríe, ella sonríe y nada más importa. Intentas ser amable, amable y torpe como muchas veces sueles ser. “Permíteme”. Le dices mientras le abres la portezuela de la Suburban. Te sientas a un lado de ella. “¿Cómo ven el clima?” Le preguntas a ambas para disimular, pero te diriges a ella. Ileana empieza hablar sobre el calor pero no la tomas en cuenta, te abstraes al ver a Alicia distraída, mirando por la ventana las gruesas gotas de lluvia que caen contra los coches. Llegan al hotel. “Habitación 1016”. Las acompañas en el elevador, deseas que se detenga. Suben más personas al elevador, te acercas a su cuerpo, alcanzas a oler su aroma, su aroma natural, sientes como ella te ofrenda una mirada por las puertas metálicas, para después desvanecerla como nube de incienso. “Entonces hasta luego”, te dice Ileana después de abrir la puerta. Tus ojos siguen con cautela el cuerpo de Alicia, hasta que desaparece al tenderse sobre la cama.
Vas de camino a tu departamento y piensas, imaginas la forma de estar a solas con Alicia. Procuras que Ileana se mantenga ocupada, una semana de intensas actividades, entrevistas en el radio, en la televisión, conferencias de prensa, un taller. Mientras, llevas a Alicia a conocer Saltillo y entre más tiempo pasa más te desconcierta. De noche visitan los bares, cantan canciones de los ochentas, le platicas sobre literatura, le cuentas sobre tu obra. Ella se interesa por tus pláticas, pero hasta en sus actitudes parece una gata. En ocasiones deja de escucharte y se dispersa, se tiende sobre tus brazos en la mesa y entrecierra los ojos, luego acerca su cabeza a tu mano como pidiendo una caricia.
Un sábado mandas a Corpi a que grabe un programa en Monclova. Alicia y tú planean una salida a Monterrey. Van a un bar poco conocido, hablan durante horas, toman una cerveza tras otra, de pronto su mirada se confunde con las luces y sus ojos cambiaban de color. La miras bailar, tú estás sentado observándola acariciarse entre dos chicos, acercársele demasiado al mesero cuando le pide fuego. Volteas a la barra para intentar perderla, pero ella se asoma desde el espejo detrás de las botellas. La botella de tequila cuervo la oculta pero eso ya no importa, ella te mira desde tus entrañas.
Te levantas al baño, orinas en el mingitorio público, ocultas tu miembro erecto. Regresas a la mesa, no la ubicas hasta que la sorprendes entre la gente, te acercas a su cuerpo y la aprisionas por la espalda, se desliza de arriba abajo, la tienes de frente y sin pensarlo respondes al instinto, la besas, la tomas de la cintura y comienzas a acariciarla por la espalda. Piensas en su rechazo, pero su cuerpo violento te arroja hacia él, sus movimientos son perturbadores, al igual que sus uñas por tu espalda que te excitan. Te das cuenta de donde están, sientes algunas miradas, pides la cuenta y salen del lugar.
Dentro del taxi no dejas de mirarla, le pides una pista para continuar, ella sólo se recuesta sobre tus piernas. No piensas, pasas tu mano por el escote, finges secar su sudor, refrescarla con un pañuelo. Vislumbras una sonrisa felina. Toma tu mano y la pasa por dentro de su blusa hacia su pecho, su pezón levantado al cielo; recorre un camino por su cuello, su barbilla y recibe la humedad de tus dedos en sus labios. El taxi se detiene. El rojo intenso cae sobre el capote. El chofer los mira por el retrovisor, y Alicia sonríe aún más. Tú en cambio te incomodas pero su regocijo te da calor, toma de nuevo tu mano y la dirige en una nueva travesía por su vestido hasta levantar sus faldas. Algo que no era un río mojaba tu mano, la humedad de un recuerdo se hizo presente, como una sensación perdida en el tiempo. Se bajan del taxi, casi olvidas pagar, ella se adelanta subiendo las escaleras del hotel, arrastrando su cuerpo contra la baranda mientras la luz de la luna le besa la nuca.
Llegan al cuarto, no hay necesidad de prender las luces, la ventana abierta muestra la luz de una ciudad que no duerme. Alicia se une a ti aquella noche, intentas contener a una presa que te está cazando, entonces te sientes completo.
Todo está listo, tienes a tu gata, su mirada que dará fin a tu insatisfacción. Piensas tranquilo recostado sobre tu almohada mientras fumas un cigarrillo que parece no acabar. Carmen aparece entre las nubes de humo y la besas en los labios mientras sientes la mirada de Alicia que también te besa.

Llega la noche de la presentación, Carmen viene con un vestido casual, demasiado casual, sin medias en las piernas, sus piernas blancas y delgadas juegan con el borde del vestido. Pasas detrás de ella para hacerle alguna observación de los cuadros y la acercas más a ti. Mientras tanto con Alicia hay un juego de complicidad en la mirada que Ileana ni Carmen parecen percibir.

Cuando termina la exposición llevas a Alicia a la antesala de una habitación, apagas las luces y la dejas a oscuras. Cuando entras con Carmen ella no puede percibir la presencia de tu gata, pero la realidad de su mirada es evidente. Se siente en la piel y eleva sus deseos. Carmen y tú hacen el amor, ella sentada sobre tus muslos, los dos de frente, el mejor sexo que jamás te haya dado y sin embargo, tu mente recrea otro cuerpo, el de Alicia y el deseo, sientes su mirada que te llena y te lleva hasta el orgasmo, el éxtasis completo. La escuchas maullar en la oscuridad y retorcerse en secreto mientras sientes su piel felina y la abrazas en el cuerpo de Carmen.

La siguiente semana no fue necesario buscar a Carmen, yo me había perdido en amor profundo con Alicia, deseaba sus ojos siempre reflejados en el espejo de mi cuerpo. Se lo comenté por teléfono, tenía ganas de verla. Ella me citó en la habitación de su hotel. Llegué temprano, una nota con unos ojos felino estaba pegada a la puerta, la nota decía: “sólo observa”. Entré despacio, adentro se encontraba la línea perfecta del cuerpo de Ileana abrazado a la mirada candente de Alicia, que se acercaba al dibujo, era la expresión perfecta de un cuadro que adquiría vida, y en este juego, en el discurso felino que se me presentaba ante mis ojos, no encontré más a mi gata y me convertí en el gato.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Las miradas, la contemplación, el ritmo, las miradas, la imaginación, las miradas...

Así que por eso te gustó el gato en la ciudad de Nydia... interesante el relato...más interesante sería saber si tiene algún resquicio de anécdota...

Bueno, un placer leerte como siempre. Te dejo un abrazo.

Emilia Eloísa.

V dijo...

Pues...me creerá que aún siendo un liricofílo...me da mucha apatía las cosas tan largas...[a veces], pero ahora me aventurá a leerlo todo, y vaya que me entretuvo mucho el re-lerlo y volver a re-lerlo...


Me acordó mucho a la fusión de dos canciones que un amigo puso en concuerdo...


"Pull Shapes" y "Little Fish, Big Fish"...

Comparto comentario...ha sido un placer leerle...muchos y gratos saludos.

Anónimo dijo...

Me he quedado con el corazón palpitando jijiji...
Hermosa la conteplación de los cuerpos y actos que describies.

Un abrazo y beso fuerte.
Espero volver a verte y que no sea la ùltima vez.

Beltrán Leyva dijo...

NO ENTENDÍ SI ALICIA ERA REAL OS ÓLO LA OBRA DE ILEANA. PERO ME GUSTÓ TU RELATO Y NO HAY NADA MÁS SENSUAL QUE VER A DOS MUJERES HERMOSAS BESARSE Y PERDERSE ENTRE SUEÑOS DE 4 SENOS. BIEN, TOM, MUY BIEN TU RELATO. ME RECORDÓ LIGERAMENTE "EL GATO". DE UN TIPO QUE SE APELLIDA PONCE.

Y PUES DIJO EL BUEN BUKOWSKI: PARA SER UN BUEN ESCRITOR HAY QUE SER UN PERDEDOR. LO DEL TRABAJO DE LITERATO PARA EL ESTADO, SE ME HACE ALGO MUY MALA ONDA. OJALÁ SEA FICCIÓN. PERO EN VERDAD ME GUSTA SU ESTILO. SALUDOS!

Anónimo dijo...

"y esperar que la imaginación se vuelva realidad.".. ¿y si la imaginaciòn se vuelve realidad?..

Y, quièn serà ese anònimo que comenta para decirte que su corazòn se ha quedado palpitando seguido de un "jijiji"?

Te dejo un abrazo...y un "buenas noches"... ya sabemos que no es de noche todavìa, pero sabemos tambièn lo que puede significar un "buenas noches".

"The comedian" dijo...

que hubo mi buen

pos dejeme decirle que me gusto mucho su relato.
me gusta mucho lo de la mirada y ya me di cuenta que usted lo utiliza mucho. pero dicen que los ojos son el reflejo del alma.
tal vez por eso me gusta mucho ver los ojos de las personas. transmiten odio, alegría, temor, terror en fin. y tal vez por eso me gustan sus relatos por la mirada.
bueno mi estimado lo veo luego y para concluir pos si me gusto.
creo que es de lo mejor que he leído de usted.
camara mi buen

Anónimo dijo...

"Para ti, un beso en silencio, para ti, mujer de mis fantasías"
cuando leí la frase me acordé de Imaginaria de Leonel. Me encanta esta canción.
Pienso que todos tenemos en secreto, al lado, en la distancia, en la imaginación a nuesta "imaginaria" o "imaginario", alguien por el que esperamos y contemplamos desde la habitación y aguardamos por su mirada y su cuerpo, alguien que vendrá...desde alguna parte...¿qué estará haciendo mi imaginario?, ¿qué estará haciendo tu imaginaria?
un abrazo.
Dora